Carlos Silva 

Asociado de Foro Educativo

“Aclarando conceptos” es un ejercicio que aprendí hace muchos años en el IPEDEHP y que usábamos bastante en las actividades de formación, porque antes de empezar una discusión necesitábamos ponernos de acuerdo sobre qué significaban las palabras que íbamos a utilizar. Creo que aquí necesitamos hacer exactamente eso y empezar por aclarar qué entendemos por “ideología”.

La palabra proviene del francés idéologie, término acuñado por Antoine Destutt de Tracy a fines del siglo XVIII a partir de idea y logos, y originalmente aludía a una suerte de “ciencia de las ideas”. Hoy podemos entender una ideología como un conjunto relativamente articulado de ideas, valores, creencias y concepciones sobre la persona, la sociedad, el poder, la justicia y el orden que consideramos deseable, que nos permite interpretar la realidad y orientar nuestra acción. El problema es que el ministro Chang está utilizando el término de otra manera: como descalificación política, prácticamente como sinónimo de adoctrinamiento, sesgo o ideas impuestas.

Y aquí está la primera confusión (por decir lo menos) que debemos evidenciar: tener valores, principios o una determinada concepción de ciudadanía no equivale a adoctrinar. El Currículo Nacional de la Educación Básica (CNEB) no es un temario detallado de contenidos; establece competencias, capacidades, estándares, perfil de egreso y enfoques que considera relevantes y expresa qué tipo de persona y de convivencia democrática quiere contribuir a formar. Por eso, un currículo neutro frente a los valores que orientan la educación simplemente no existe.

El CNEB tampoco puede ser neutral frente a la democracia, los derechos humanos, el racismo, la discriminación, la violencia contra las mujeres o la dignidad de las personas. No estamos hablando de caprichos partidarios ni de supuestos inventos “caviares”. El propio CNEB establece como enfoques transversales los derechos, la inclusión, la interculturalidad, la igualdad de género, el ambiente, la orientación al bien común y la búsqueda de la excelencia, y señala expresamente que estos se articulan con la Ley General de Educación, políticas nacionales y con compromisos asumidos por el Estado peruano.

Por eso, el actual CNEB tiene una opción curricular explícita por formar ciudadanos dentro de un Estado democrático, plural, intercultural e inclusivo y orientado a derechos, pero que también incorpora excelencia, emprendimiento, mundo del trabajo, sostenibilidad y formación religiosa. Busca formar personas capaces de ejercer derechos y deberes ciudadanos, valorar la diversidad y participar activamente en una sociedad democrática.

Decir “vamos a retirar de la currícula todo tipo de ideología” puede funcionar como consigna, pero es imposible cumplirla literalmente. Retirar toda ideología significaría retirar también las concepciones sobre democracia, ciudadanía, bien común, excelencia, emprendimiento o formación religiosa que hoy contiene el propio Currículo. ¿Es eso lo que quiere el ministro Chang?

El problema de fondo es otro. Si derechos humanos, igualdad de género, interculturalidad o memoria democrática son etiquetados como “ideología”, mientras determinadas concepciones conservadoras, religiosas, nacionalistas o de mercado son presentadas como “naturales”, “científicas” o “neutrales”, no estamos ante una desideologización. Estamos ante un cambio de orientación ideológica negacionista y antiderechos del Currículo presentado como neutralidad.

Por eso, antes de continuar con grandes anuncios, el ministro Chang tiene que responder una pregunta bastante sencilla: ¿qué van a retirar? ¿Los derechos humanos? ¿La igualdad entre hombres y mujeres? ¿La interculturalidad? ¿El rechazo a la discriminación? ¿La educación ambiental? ¿La orientación al bien común? ¿También retirarán el emprendimiento, la meritocracia o la formación religiosa porque responden igualmente a determinadas concepciones de persona y sociedad?

Tampoco existe la contradicción que plantea entre interpretación histórica y rigor científico, porque una historia rigurosa no significa colocar delante del estudiante una versión oficial supuestamente libre de interpretación, sino trabajar con fuentes diversas, contrastar versiones, comprender contextos, distinguir hechos de interpretaciones y explicar causas y consecuencias, algo que, precisamente, ya plantea el CNEB.

Y aquí hay otra aclaración necesaria frente a sus declaraciones, porque el ministro Chang ha puesto como ejemplo que algunos considerarían el periodo de violencia una “guerra civil”; sin embargo, esa expresión ni siquiera aparece en el CNEB. Por tanto, si está cuestionando textos escolares, materiales pedagógicos o documentos distintos al Currículo Nacional, debería identificarlos y mostrar exactamente dónde está aquello que pretende corregir.

La discusión de verdad no es, entonces, “ideología sí o ideología no”. La discusión es si vamos a fortalecer una escuela pública que forme ciudadanos libres, capaces de pensar críticamente, contrastar fuentes y construir sus propias conclusiones, o si bajo el pretexto de retirar la ideología se pretende imponer una sola mirada conservadora de la sociedad y de nuestra historia.

Creo que la educación pública no debe decirle al estudiante qué pensar. Debe posibilitarle conocimiento, memoria, fuentes, argumentos y libertad para pensar. Y justamente por eso debemos impedir que ningún gobierno, sea de izquierda, de derecha o de cualquier signo, convierta el currículo en instrumento de propaganda política.

La neutralidad absoluta es imposible. El pluralismo, el rigor y la honestidad intelectual, en cambio, sí son exigibles, mucho, mucho más aun a quien lidera el Ministerio de Educación y que viene de ser rector de una importante universidad, que, en teoría, es donde se estudia y se promueve la ciencia de las ideas.

Pensamiento crítico, señor ministro, no significa eliminar perspectivas; significa enseñar a conocerlas, contrastarlas y discutirlas con evidencia.

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