Manuel Bello Dominguez
Asociado de Foro Educativo
Las amenazas y primeros manotazos del fenómeno “El niño” son ahora temas de conversación y motivo de preocupación en todas partes, excepto en las aulas escolares. En el sector Educación las directivas se focalizan en identificar la vulnerabilidad de los locales escolares, anticipar riesgos para los estudiantes y el personal de las instituciones educativas, planear actividades de mitigación y respuesta a los probables daños, y trasladar las actividades educativas a la modalidad “virtual” (remota) cada vez que sea necesario. La prevención ante el desastre anunciado es indispensable, más aún sabiendo -como sabemos- que la mayoría de los locales escolares son precarios y peligrosos, aún desde antes de la ocurrencia de eventos naturales peligrosos. Pero también se tiene que atender la emergencia pedagógica.
Por supuesto, los niños, niñas y adolescentes escuchan a sus mayores y conversan sobre “El niño” en sus hogares, en las redes, en los colegios y en todas partes. Las imágenes de inundaciones, huaicos y derrumbes están cada vez más presentes en la televisión, acompañadas de mensajes alarmantes sobre lo que viene: que será peor, que afectará a todo el país, que habrá lluvias torrenciales, que los ríos se desbordarán, que algunos puentes colapsarán, que habrá derrumbes, que muchas escuelas podrían colapsar, que las calles no serán seguras, que faltarán alimentos y otros productos básicos, que aumentarán las enfermedades, las pestes, las epidemias, y más.
Ante la grave amenaza los niños y adolescentes tienen temores, inquietudes, curiosidades, necesidades urgentes de aprendizaje. ¿Cómo procesan la amenaza y el posible desastre, cómo lo entienden, cómo se organizan para aprender y para ser agentes de prevención y de mitigación, en la escuela y en la comunidad? Lo primero es protegerlos, es verdad, pero el proceso educativo mismo no puede seguir como si nada, de espaldas a una realidad tan desafiante. De no haber normas de flexibilización curricular para este momento, los directores y docentes tendrían que apelar a la desobediencia civil considerando la situación, declarando una emergencia pedagógica. Es una buena oportunidad para demandar autonomía pedagógica y profesional frente a la burocracia.
La educación escolar siempre debe estar conectada con la realidad, con el contexto, con las noticias, que son expresión del mundo natural y social que los estudiantes necesitan comprender, y aprender a vivir en él. Los conocimientos y las habilidades más pertinentes y relevantes son aquellos que estrechan la relación de los alumnos con su realidad cotidiana, sus vivencias, sus necesidades y sus intereses. Este principio pedagógico permanente adquiere un nivel de urgencia cuando el contexto (el barrio, el colegio, la región, el país) se ve inundado por la presencia de un acontecimiento climático invasivo y poderoso, como es el caso del fenómeno “El niño”. Ignorarlo y seguir adelante con el currículo formal y las programaciones rutinarias sería profundamente anti educativo.
Y no se trata de informar a los estudiantes mediante clases magistrales, charlas y lecturas sobre el “tema” del fenómeno “El Niño”. Educar ante una realidad del contexto supone indagar con los alumnos, invitarlos a compartir la información que ya tienen y a proponer preguntas sobre lo que no saben; preguntas que permitan describir el fenómeno: qué es, cómo es, cómo se manifiesta, cómo han sido los episodios anteriores, qué cuentan los familiares; sus consecuencias: qué pasó en la casa, en el colegio, en el barrio, en la región. Otras preguntas sobre cómo está organizada la escuela, la comunidad y las entidades del Estado para prevenir, mitigar y reconstruir; si antes lo hicieron bien o no. Luego indagar sobre sus causas naturales cercanas y el posible efecto de factores ajenos vinculados a la producción humana, la crisis climática, y otros. Finalmente: ¿Qué podemos hacer desde nuestro grupo de aula, desde la escuela organizada, con nuestras familias y la comunidad? La profundidad y la complejidad dependerá del grado en el que se encuentren los alumnos, desde Inicial hasta quinto de secundaria.
Ante una amenaza para todos, el proceso de aprendizaje debe ser colectivo, cooperativo, organizado, solidario, compartido, para llegar a conocimientos comunes y acuerdos grupales sobre acciones preventivas a realizar en la comunidad. Todo esto se puede llamar “aprendizaje basado en noticias” o, si prefieren, aprendizaje basado en problemas y soluciones. Aprendizaje activo, contextualizado, pertinente, relevante, que desarrolla conocimientos, habilidades y actitudes para la convivencia solidaria y la ciudadanía.
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