Día Internacional de la Niña

“Mi proyecto es ser Presidenta de la República, para disminuir la pobreza, para construir justicia e igualdad para los géneros.

Sé que tendré que vencer muchos obstáculos, enfrentar machismo y violencia de género; pero, también sé que no estoy sola. Somos millones.”

(Leidy, 15 años, Ayacucho. Encuentro Nacional de las Niñas, Red Florecer. 2015).

Por Yolanda Rojo Chavez

Presidenta de Foro Educativo

El 19 de diciembre de 2011, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Resolución 66/170 para declarar el 11 de octubre como Día Internacional de la Niña. Desde 2012, se conmemora cada 11 de octubre. 

Nacer niña determina las oportunidades para tener acceso a salud, educación y protección. Este hecho es fundamental en la defensa de los derechos de la infancia, y en las políticas públicas que garanticen una vida plena para ellas.

El Día Internacional de la Niña se conmemora cada año para crear conciencia sobre la situación de las niñas en el mundo, dar a conocer los  desafíos únicos a los que se enfrentan, así como promover su empoderamiento y el cumplimiento de sus derechos (UNICEF, 2022)[1].

En nuestro país, las niñas por ser niñas enfrentan enormes desafíos para el cumplimiento de sus derechos. En efecto, en nuestro país, las niñas y adolescentes enfrentan una barrera significativa para acceder y completar su educación debido a la violencia que experimentan tanto en sus comunidades como en la escuela. Según el informe del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP, 2020) a través del Programa Nacional Aurora, se presentaron cifras alarmantes el año 2020[2]:

  • 131 casos de feminicidios (19 víctimas fueron niñas y adolescentes)
  • 5521 denuncias por desapariciones de niñas y mujeres
  • 97 926 casos de violencia contra la mujer, violencia familiar y violencia sexual, de los cuales 9582 casos de violencia sexual tuvieron como víctimas a niñas, niños y adolescentes, mientras que 4261 casos afectaron a jóvenes y adultos
  • Durante el contexto de emergencia sanitaria por COVID-19, se registraron 1038 casos de violación sexual contra niñas, niños y adolescentes

El embarazo adolescente también es una problemática importante en el Perú y, en muchos casos, es resultado de situaciones de violencia. Este fenómeno tiene una alta incidencia y puede tener múltiples efectos en la salud, educación y proyectos de vida de las adolescentes. Una de las consecuencias posibles es la deserción escolar, que afecta sus trayectorias educativas. Según datos del Ministerio de Salud, el registro de nacimientos vivos en niñas de 10 a 14 años aumentó de 1,158 a 1,430 entre el 2020 y 2021, y luego a 1,625 nacimientos vivos en el 2022[3]. En el año 2021, el 8.9 % de las adolescentes entre 15 y 19 años son madres o están embarazadas, y 8 de cada 10 adolescentes embarazadas abandonan la escuela (INEI, 2022, p.33)[4].

Además, las estadísticas revelan que existe relación entre el embarazo adolescente, un menor rendimiento educativo y situaciones de pobreza.

Esto se manifiesta en el elevado porcentaje de madres adolescentes que solamente han recibido educación primaria (41.7 %) o secundaria (12.1 %) (INEI 2019, p. 105). Además, se suma el hecho de que el 24.9 % de estas madres adolescentes se encuentran en el quintil de riqueza más bajo, lo que indica que provienen de hogares con menor nivel socioeconómico (INEI, 2019, p. 105).

Foto: Pulimetro

Transformar las situaciones de discriminación y violencia que viven cotidianamente las niñas y adolescentes en nuestro país desde sus identidades sexo genéricas diversas, requiere necesariamente, incorporar el enfoque de género en las políticas educativas, de salud, protección, etc. Mujeres y hombres aprendemos el valor desigual que la sociedad le adjudica a cada género: lo masculino es altamente valorado, mientras que lo femenino, devaluado. Si la valoración que se le da a los géneros es desigual, es decir, si se valora más a los hombres, las niñas crecen con una autoimagen devaluada y con una baja autoestima.

El problema no son las diferencias sexuales entre mujeres y hombres, sino que la cultura haya naturalizado una relación jerárquica entre estas diferencias, que le adjudica una situación de inferioridad a todo lo construido socialmente como femenino.

Las niñas y adolescentes en el Perú son diversas. Por ello, medidas de política que favorezcan igualdad de oportunidades y acceso pleno a derechos, así como una vida libre de violencia para las niñas y adolescentes, requiere necesariamente, asumir el enfoque interseccional. De esta manera, comprender y transformar la articulación de la discriminación con base al sexo, al género, la edad, la identidad étnico cultural, la ubicación urbana o rural, las capacidades diversas, la condición socioeconómica, etc.

La coyuntura política actual en el Perú, coloca en grave riesgo el desarrollo de una educación con enfoque de género en general, y una Educación Sexual Integral (ESI), en particular. Una arremetida conservadora y antiderechos desde los poderes ejecutivo y Legislativo buscan frenar el avance normativo alcanzado en los últimos años. Una

muestra de ello, es la Ley 31498[5], que busca intervenir en los contenidos de aprendizaje de la educación básica desde un falso argumento de “participación” de asociaciones de familias “acreditadas”. Está en peligro, la vigencia del enfoque de género como eje transversal en el currículo de educación básica, y su implementación en los materiales educativos. Y, muy recientemente, se ha debilitado la acción del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables como organismo rector en temas de igualdad de género, al desactivar la Dirección General de Transversalización de Género (DGTG), cuya función es la de garantizar medidas de igualdad de género en todos los sectores del Estado, así como en los gobiernos subnacionales.

Foro Educativo y la Red Florecer trabajan desde hace más de 30 años en la defensa de una educación con igualdad de género, una educación promotora del protagonismo infantil y adolescente con énfasis en las niñas, una educación libre de violencia de género. Hoy, 11 de octubre de 2023, renovamos nuestro compromiso de trabajar con ellas, por sus sueños, por el cumplimiento pleno de sus derechos, por justicia para todas y todos, por una Vida Buena libre de violencia. Nuestro compromiso para que sueños como los de Leidy de Ayacucho, se cristalicen, y así, tengamos a nuestra primera Presidenta democrática (no dictadora como la actual) en nuestro país.

El triunfo de las niñas es el triunfo de una patria auténticamente democrática.

Foto: UNICEF

Referencias


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