A 54 años de Stonewall

28 de junio, 1969 al 28 de junio del 2023

Por Manuel Cárdenas Muñoz

Asociado de Foro Educativo; maestro de aula; Magister en Ciencias Sociales y estudiante de Doctorado de FLACSO Argentina

28 de junio, 1969. Stonewall – discoteca para la población de orientación sexual diversa – donde inició la resistencia contra las redadas policiales en el distrito de Greenwich Village. Pocas personas saben que durante la década de los 60 existieron en Estados Unidos un conjunto de leyes altamente discriminatorias. El movimiento por los derechos civiles se enfrento a esa situación. Comienza con el boicot de autobuses de Montgomery en 1955 y termina con el asesinato de Martin Luther King en 1968. Una de sus aristas fue la lucha por los derechos humanos de la población con diferente orientación sexual a la hegemónica. No en vano la activista Marsha P. Johnson era una mujer trans afroamericana.

Desde entonces, reconociendo el alto nivel de discriminación, homo – lesbo – trans fobia, feminicidio a la población trans y asesinatos de odio la pregunta vuelve a aparecer: ¿Por qué tener orgullo de ser gay, lesbiana, trans, bisexual e inter género? La respuesta más breve seria: “porque nos da orgullo ser quienes somos, disidentes y diferentes”, “porque nos da orgullo haber sobrevivido” porque nos da orgullo enfrentarnos día a día a un mundo que nos odia por ser como somos”. Todas esas respuestas aluden al reconocimiento de un sistema que se impone a otros. Gayle Rubin lo llamo “sexo género” en alusión a que el capitalismo construyó su formato de dominación sobre la subordinación y postergación de la mujer a las labores del hogar. Solo con esa labor, no asalariada, los varones pueden dedicarse a “trabajar en serio”. La base sexual sirve de pretexto para relegar a la mujer y lo femenino a un segundo lugar, a la vez que crear un conjunto de formas, maneras, conductas e ideas que construyen a cada uno en su lugar de dominante y dominada.

Una educación que crea y se plantee como reto educar en la autonomía y autenticidad, apuesta por el empoderamiento de los otros, aquellos a quienes se dirige. Entonces, resulta imposible no enfrentarse, mirar de reojo o con la vista gorda la condición impuesta por el sistema sexo género. Educar en la libertad exige desarrollar en el “sujeto que aprende” la capacidad de amarse a sí mismo, a aceptarse, sentir seguridad y hasta orgullo por ser quienes y como somos. Le exige al docente no juzgar, tampoco imponer criterios ni formas ni normas de conducta, sobre todo cuando no atentan contra los derechos del otro o la otra. Por ello, educarse en la comprensión demanda empatía, no tolerancia, aceptación no distanciamiento, amor no odio, menos temor. El reto para una educación que tome en cuenta la diversidad -en todas sus formas- como una riqueza, tomará en cuenta que diversidad sexual muestra aquello que más se quiere ocultar: la posibilidad de reconocernos como diferentes.


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