Teresa Tovar Samanez

Ignacio Ramonet[1] ha definido a la pandemia  “un hecho social total”. Aplicar este concepto del sociólogo Norbert Elías es pertinente, ya que  el COVID es un acontecimiento  de larga duración, que invade todas las esferas y que está poniendo en cuestión  los modos de vivir, producir;  y también las maneras de relacionarse y de aprender.

Estamos en el pico más alto de la pandemia en el Perú, que ocupa el segundo lugar en tasa de letalidad del mundo y el primero en América Latina. La mayor  cantidad de muertos e infectados  se dan entre los sectores más pobres. Ya hay cifras que lo evidencian.[2]  No obstante, El hambre produce igual o más terror que el virus en las mayorías del país. Por eso, terminada la cuarentena, los sectores de menor nivel socioeconómico han salido masivamente a las calles para buscar cualquier tipo de ingreso. No siempre lo consiguen, ya que la oferta de empleos se ha reducido y, además un 55% de personas perdió su empleo durante la cuarentena[3]. Sólo en Lima se han perdido más de 2.7 millones de empleos  con la pandemia. El desempleo ha pasado de 6,3% a 16,3%  en promedio, y en el caso de los jóvenes  ha llegado al 33%[4].

La ONU ha señalado quehambre, pobreza y desigualdad es una combinación mortal que enfrenta América Latina donde  142 millones de personas, casi una cuarta parte de la población están en riesgo de contraer el COVID-19 por acumular tres factores de riesgo: la falta de acceso al agua potable, el uso de combustibles nocivos dentro de los hogares, y la desnutrición[5].

Si vemos estos tres aspectos en el Perú, la situación es que  sólo uno de cada tres hogares  rurales tiene acceso a los tres servicios básicos y  4 de cada 10 personas de áreas rurales son pobres [6]. La  CEPAL  señala que a diciembre del 2020, la pobreza crecerá en la región del 25 al 40 % y se prevé  que los niveles de  pobreza  y pobreza extrema regresarán a cifras de 10 años atrás. En el Perú, la CEPAL prevé que la pobreza extrema se duplicará en sólo un año[7]. Asimismo,  en el Perú 46%  de  niños menores de 5 años tiene anemia[8] y, en cuanto a desnutrición infantil, el promedio nacional es de 12,9% pero a nivel rural se eleva a 25,3%.

Por ello, en el momento actual no es posible pensar en ninguna actividad sin pensar al mismo tiempo en la crisis  sanitaria/humanitaria. Tampoco es posible pensar en la educación sin hacer este vínculo.  Hoy  es preciso conjugar juntas las palabras educación, salud, alimentación y trabajo. En este contexto Foro Educativo ha llamado a una Movilización social por la educación pública  que “acabe con la desigualdad social” y apueste por la vida. 

La educación ha sido siempre una aspiración de los pueblos, inalcanzada aún a plenitud. En el momento actual debe  encararse junto con otros apremios: el reto de la  sobrevivencia en medio de la pandemia que crece de la mano con la pobreza, la anemia que se incrementa en los niños, el desempleo de los padres, la salida al trabajo de parte de los adolescentes, la orfandad y el desamparo de muchos niños, la muerte que asalta seguido las casas de los más pobres, el desalojo  de un  cuarto de alquiler,  las viviendas hacinadas sin agua ni servicios.

La educación entendida como bien público y derecho  universal garantizado por el Estado ha sido parte de los proyectos civilizatorios recientes. Estos proyectos constituyen esfuerzos humanos por construir escenarios de vida para todos, que enfrenten y den alternativas a los hechos sociales gravitantes/totales. La pandemia desnudó la precarización de la educación y la salud públicas  y el desmantelamiento sistemático del  Estado de Bienestar como proyecto inclusivo. Por ello, desde una perspectiva de transformación, el fortalecimiento de  la educación pública constituye un desafío en resiliencia, fundamental construir un nuevo horizonte civilizatorio. 

La viabilidad del país y de la educación se juega hoy en el terreno del combate a la pobreza y la desigualdad. No podremos superar la pandemia y tampoco “reactivar” la economía con miles de muertos, con millones de pobres  y sin un programa social fuerte. No podemos impulsar  los aprendizajes sin apostar  primero por la vida de los estudiantes y por la eliminación de toda desigualdad que socava sus derechos.

¿Qué significa una educación pública fortalecida que apueste por la vida? Destacamos cuatro elementos en esta reflexión.

  • Las condiciones básicas como derechos humanos universales.

Para fortalecer la educación pública vinculándola a la agenda social, debemos comenzar  por encarar las  urgencias  de una educación que asegure la vida: con luz, agua segura, alimentación y protección  de salud para todos los estudiantes.

Esto significa  en primer lugar atender las condiciones  básicas  de educabilidad. Es preciso garantizar entornos seguros y saludables para los estudiantes. Proyectando la vuelta a clases en la post pandemia, es preciso cerrar antes la gigante brecha de infraestructura. En el Perú hay 62 mil escuelas públicas, de las cuales más de la mitad no cuentan con servicios básicos de agua, desagüe y luz. Se requieren medidas universales para garantizar estos tres servicios básicos en todas las escuelas públicas, y que además  cuenten con servicios de salud conectados a las escuelas.

Se trata de parte de las condiciones de educabilidad. Como señalaron Néstor López y Juan Carlos Tedesco  hace casi 20 años,  no es posible  impulsar una sociedad cohesionada y democrática  sobre bases de desigualdad.

Se hace necesario comenzar por lograr “un mínimo de equidad e integración social para poder educar. El concepto de educabilidad apunta precisamente a identificar cuáles son las condiciones sociales mínimas” para que los estudiantes cuenten con n los recursos, predisposiciones y representaciones que el proceso educativo requiere de ellos.[9]

Es indispensable revertir la tendencia  que ha ocasionado una precarización creciente e insostenible de los servicios públicos, entre ellos el de educación,  e invertir sin demora en infraestructura educativa para que cuando se dé la vuelta a clases, ésta sea a escuelas donde se garantice y no se ponga en riesgo la vida de los estudiantes, a escuelas que además hayan cambiado su modo de educar y mejorado  su calidad.  

… garantizar la calidad de los servicios públicos cada vez más precarizados debe ser una prioridad. La pandemia solo ha radicalizado este principio. Lo único que puede prevenir la enfermedad y salvar vidas en la escuela en el contexto de crisis sanitaria es una educación pública vigorosa y no recortada. Una escuela con más recursos, mejor infraestructura, con clases más pequeñas, más maestros os y maestros no desbordados, espacios al aire libre y contacto con la naturaleza, una escuela diversa e inclusiva, que ponga en el centro las vulnerabilidades de los niños, es una escuela preparada contra el coronavirus, una escuela a la que ir sin miedo[10]

Ahora que estamos en plena pandemia es preciso abordar  las condiciones de educabilidad allí donde están los estudiantes: en los hogares. Hay que asumir que los estudiantes necesitan tener viviendas adecuadas, atención de salud y alimentación y servicios de luz y agua en sus viviendas. Porque son los hogares los espacios reales  donde ocurren actualmente  los procesos educativos y  así será por un tiempo considerable.  

Para todo ello la educación, la alimentación y la salud deben contar con recursos nacionales asignados  y protegidos. Ello es  indispensable si queremos asegurar  que  el país  prospere con generaciones sanas, que han podido desarrollar sus capacidades y se sienten parte de un país que las acoge y las defiende.

Los fondos para proteger educación, salud y alimentación de los estudiantes pueden conseguirse de distintas fuentes: las reservas nacionales,  impuestos a las grandes fortunas, fondos provenientes del combate a la corrupción,  recursos recuperados de   evitar y sancionar la elusión y la evasión tributaria. Estas y otras alternativas está ya planteadas en diversos  foros  internacionales, implican decisiones nacionales fuertes, una reforma tributaria desde bases de equidad  y  deben verse en el marco del Acuerdo Nacional y del Pacto Perú.

Existen fondos ya previstos para programas como Qali Warma, que hoy debe llegar a todos los hogares de los estudiantes de las escuelas públicas.  La atención primaria  de salud debe monitorear a todos los estudiantes de los colegios públicos. Debemos saber  dónde están, cómo están, qué sienten y qué necesitan para sobrevivir en esta pandemia.

La vida, la salud y la alimentación son derechos a  atender desde políticas universales, porque  atañen a la condición humana. El mundo se ve impelido a atender en primer lugar la condición humana, cuando está en medio de un desastre. La filósofa Hannah Arendt planteó el drama y dilema de la condición humana en medio del holocausto judío  y la segunda guerra mundial[11]. Es desde el desastre y la desesperanza  de un tiempo histórico que parece haber perdido el rumbo donde la humanidad se pregunta por el sentido y esencia de su propia existencia.

Por ello, los derechos relacionados a la vida están consagrados en la Declaración Universal de Derechos Humanos y en la Convención sobre los Derechos del Niño.

Si queremos conseguir un cambio en la vida de los niños y niñas, y tener la oportunidad de alcanzar objetivos sociales y económicos para toda la comunidad mundial, tenemos que convertir en nuestra prioridad los derechos de la población infantil marginada y olvidada. Los derechos a la educación, los cuidados de salud y un entorno seguro y tranquilo para poder prosperar nunca deben ser teóricos sino que tienen que ser una realidad para toda la infancia.[12]

En un momento en que la supervivencia es amenazada por la pandemia como un hecho disruptivo  contundente, es responsabilidad de los Estados asegurar que ningún niño muera, pase hambre o sea violentado. Son las condiciones excepcionales en que vivimos las que colocan  los dilemas sobre la condición humana en la mesa y privilegian la preservación de la condición  humana en la niñez. Recordemos la poesía de Arturo Corcuera sobre los derechos de los niños: “La vida le pertenece al niño como la luz al amanecer… Sin agua y sin alpiste
enmudece la flauta del canario, exhausto se apaga el corazón del niño… El pájaro cobija
bajo las plumas a sus polluelos. Cada país es un árbol: acunará al niño bajo su sombra
.”[13].

Hoy cabe preguntarse qué estamos dispuestos a hacer como país para  proteger la vida de os niños y las nuevas generaciones. 

  • Que nadie se quede fuera

Un punto que plantea la agenda de la movilización por la educación pública  de Foro Educativo es  “una educación que acoge a  todos los estudiantes”. Esto implica enfrentar todas aquellas situaciones que ahondan las desigualdades y estrechan las oportunidades educativas de los sectores de menores ingresos y de las poblaciones que sufren discriminación.

Significa garantizar una educación donde nadie se quede fuera por ser pobre, por ser awajun, por hablar quechua, por ser niña o afrodescendiente. Pero tampoco por no tener  internet, celular o conexión de luz. Por ningún motivo.

Actualmente la pandemia está poniendo en peligro la permanencia de los estudiantes, está generando según  algunos educadores una catástrofe educativa[14]. Los alumnos que realmente se conectan a la educación remota son la tercera parte, según refieren los maestros de la educación pública.

Además de las cifras sobre condiciones básicas  ya señaladas líneas arriba, es preciso tomar en cuenta las que conciernen a la brecha digital. Según el INEI  sólo uno de cada tres hogares accede a internet (36%) y en el caso de hogares rurales esta cifra se reduce a 3,7%. Asimismo, durante la pandemia, el INEI informa que 58,8% de la población de 6 y más años de edad del país accedió a Internet. La mayor parte lo hizo por celular[15].

La estrategia Aprendo en Casa opera mediante una acción multiplataforma (internet, televisión y radio). Es indispensable contar con un diagnóstico más preciso de las condiciones de educabilidad para la misma[16]. Es claro que el acceso a internet es bajo, pero también lo es el acceso a los programas de TV. Si bien la señal abierta existe, no funciona bien en todas partes y la televisión por cable es restrictiva porque genera un  gasto que excede los presupuestos ya estrechos de las familias en la pandemia. A la TV por cable accedió  el  41,4% de los hogares (a nivel rural solo el 12,7% de hogares)[17]. Es comprensible, ya que tanto el internet como el cable son servicios que tienen costo, que no puede ser asumido por las familias empobrecidas. En este sentido el planteamiento de Foro Educativo de Internet Universal es pertinente  y se basa en un enfoque de la educación como derecho humano fundamental.

Según la información que brindan los maestros y las familias, la estrategia Aprendo en Casa está funcionando básicamente en base a radio y whatsap. El radio se utiliza sobre todo en las zonas rurales, siempre que se disponga de luz. El INEI reporta que  el 92,6% de hogares tiene acceso a luz. A nivel rural esta cifra es de 79,6% y en regiones como Loreto y  Ucayali esta cobertura se reduce a 49,8 y 53,7  respectivamente. De acuerdo a cifras del MIDIS,  Sólo el 27,6% de los hogares asháninkas tienen luz  (frente al 91% en los hogares de habla castellana)[18].

Sólo  el 60,9% de los hogares urbanos tiene acceso a computadora. De allí que docentes y alumnos estén optando mayoritariamente por el uso del celular para la educación remota. La mayor parte de hogares  dispone de un celular (92,5%)[19], aunque a nivel de la amazonía esto es relativo. Si bien el 88,2% hogares de habla castellana tiene teléfono, sólo el 21% de hogares ashánincas tiene uno[20].

Está ocurriendo una “whatsappización” de la educación remota, no sólo en el Perú[21]. Porque es celular es el medio más accesible. Sin embargo, si las limitaciones en el acceso a luz limitan la posibilidad de utilizar el radio, en cuanto al whatsap, esta estrategia depende de que se disponga de un paquete de datos (el whatsap es “ilimitado” es decir, no consume datos en algunos planes). De los hogares que tienen  celular, los que son de pobreza disponen sólo de uno para toda la familia y deben compartirlo. Esto ocasiona la desconexión de muchos alumnos.

Los maestros no sólo deben enviar sus videos de clase por el whatsap (que preparan de acuerdo al currículo oficial, diversificado y adaptado), sino que deben contactar a sus alumnos por el mismo medio para orientar su aprendizaje y deben reportar a la UGEL  su actividad en diversos registros. Todo ello no sólo satura el tiempo de los maestros sino que excede su presupuesto. Los docentes que trabajan por whatsap  deben recargar continuamente su paquete y a veces no logran solventar este gasto extra[22].

Hay que reducir las brechas digitales para reducir las desigualdades educativas ya existentes desde antes de la pandemia. Es imperativo  cerrarlas porque dejarlas como están profundizarán la desigualdad y generarán exclusión. Una proporción aún no dimensionada de alumnos está en peligro de abandonar el sistema educativo. Un gran número de estudiantes corre el riesgo de estrechar  o diluir su futuro y convertirse en pobres o pobres extremos. Este  riesgo ha sido advertido por la UNESCO, que señala que a consecuencia de la pandemia los niños y niñas de bajos recursos tienen  casi cinco veces más probabilidades de no regresar a la escuela primaria que los estudiantes con más recursos[23]. Por razones de lucha por la sobrevivencia se estaría produciendo un proceso de desvinculación del sistema educativo.

Lo que la literatura científica muestra es que la inasistencia crónica, repetición y el rezago escolar son algunos de los factores de riesgo. En este contexto, la inasistencia no es voluntaria, por la pandemia, pero esto sí provoca un proceso de desvinculación con el contexto escolar[24].

La Coalición Mundial para la Educación de la UNESCO alerta las dificultades de la educación remota que están ahondando este riesgo y pone especial énfasis en la equidad, porque el cierre de escuelas ha  dado que el cierre de los centros escolares ha afectado  los estudiantes de sectores pobres, que accedían a salud, nutrición y servicios sociales vía las escuelas y que fuera de ellas, enfrentan brechas digitales enormes[25].  

Un reto fundamental es asegurar la continuidad del aprendizaje remoto y ello implica cerrar la brecha digital, comenzando por  establecer internet universal con velocidad como derecho básico. El desafío es asegurar que nadie sea excluido o expulsado por el sistema y que todos puedan continuar aprendiendo. Lograrlo es hoy más importante que “salvar el año escolar” o regular  un año escolar anómalo e irregular que supone una situación plana inexistente.

De allí que el esfuerzo de maestras y maestros por contactar a sus estudiantes resulta vital pues mantiene el cordón de comunicación y  promueve la permanencia de muchos alumnos que sin este acompañamiento entrarían en la esfera de los excluidos del sistema. Así mismo, este contacto no es sólo en términos de aprendizaje, sino de soporte afectivo a los estudiantes y sus familias. Lo primero es pensar en el estudiante como ser humano. Conocer y comprender las dificultades que afronta, el encierro, la pobreza, la falta de amigos.  “No podemos pretender que los niños escolares aprendan como si estuvieran en situación de pleno bienestar, porque no lo están”[26]. Desde allí, tratar de incorporarlo, de incluirlo en las posibilidades que ofrece la educación.

La exclusión social es una categoría que abarca diferentes fenómenos como la pobreza, la discriminación con sus diferentes dimensiones y aspectos (por género, etnia, culturan, edad, discapacidad). Hay que tener en cuenta que excluir no es solo separar o aislar. Excluir también puede ser limitar, subalternizar, menospreciar, constreñir, obstaculizar las oportunidades y  el desenvolvimiento.

  • Educación y trascendencia.

La educación como horizonte  de un país que prospera  con calidad de vida para sus habitantes es una aspiración irrenunciable, No podemos resignarnos a que una o varias generaciones frustren sus posibilidades de realizarse como seres humanos y aprender diversas cosas según sus intereses y vocación. Las naciones deben no sólo evitar el hambre sino también la pobreza de espíritu.  La educación es uno de los espacios  donde  se cultiva   la imaginación, donde se promueve la inquietud por descubrir,  donde se motiva a pensar, donde se provee herramientas para producir y transformar, donde se aprende a relacionarse con el otro como un ser igual y con la naturaleza como entorno de vida,  donde se forma  la autoestima y se  desarrollan los cimientos éticos de  la personalidad moral autónoma.  Y la educación pública  hace todo esto con un enfoque de bienestar común, siendo  la única que asegura que todos los estudiantes accedan a estas posibilidades.

Fortalecer la educación pública apostando por la vida implica fortalecer la acción del Estado, de la mano con las comunidades y escuelas, en relación al bienestar emocional de los niños, a la preservación  de su dignidad y a la construcción de relaciones de igualdad entre todos ellos. Significa asimismo modificar los sentidos de la acción educadora orientándolos a la reconstrucción de los modos de vivir.

Foro Educativo señala que

 Cada persona debe reconocerse como digna a través de la educación… la educación es un elemento constitutivo de la condición humana: mediante ella, las personas se construyen como seres humanos plenos…. El objetivo debe ser asegurar generaciones poseedoras de la sensibilidad propia del ser humano ante sus pares, con un sentido de pertenencia al mundo y a una comunidad de humanos y seres vivientes.[27]

Para formar una generación que construya un futuro distinto, necesitamos niños y niñas con autoestima y personalidad autónoma. Una meta central debe ser preservar la alegría de los niños, aún en medio de esta tragedia. Desde allí,  el impulso al aprendizaje se convierte en algo dinámico, que fluye porque está motivado.  La otra debe ser desarrollar la capacidad crítica para proponer un mundo distinto.

Ni siquiera la pandemia debe hacernos renunciar a formar seres humanos plenos, dignos, capaces y felices. Ni siquiera la urgencia  de la alimentación y la salud debe llevarnos a dejar de lado los ideales educativos de nuestro país. Por el contrario, la educación pública fortalecida debe formar generaciones amables, que dejan de lado el egoísmo y la competencia salvaje, que sonríen y tejen lazos de amistad, solidaridad y vida en comunidad; que exploran y aprenden diversas cosas, que desarrollan resiliencia y proponen salidas; que cuidan a todo ser vivo; que se miran a sí mismos y a los otros como iguales en derechos y son capaces de defenderlos siempre.

Los estudiantes y todos nosotros ya estamos aprendiendo muchas  de estas cosas, que aún son invisibles para los registros educativos e irreductibles a los formatos curriculares. Hay que darles sitio en el centro del cambio educativo y convertirlo en horizonte y utopía del fortalecimiento de  la educación pública.

  • El bien común, lo colectivo y lo territorial.

Jorge Bruce  señala que el bien común es una noción  que está por construir porque somos una sociedad con una larga historia de fragmentación. La pandemia ha hecho más evidente la disgregación de nuestra sociedad porque nos ha sumergido en una marea de desastre[28].  Por tanto, el desafío de  superar la pandemia  es simultáneo al de construir una sociedad integrada y a de lograr instalar la noción de bien común.

La educación pública en tiempos de pandemia nos da la posibilidad de afrontar ambos retos. Por un lado porque en los enfoques pedagógicos es posible y necesario promover el desarrollo de la importancia de lo público como espacio de encuentro y como ámbito de derechos. Las nuevas generaciones deben formarse en la convicción de que el bienestar individual es indesligable del bienestar de todos y éste último sólo es posible de alcanzar desde propuestas que se asienten en políticas públicas.

Por otro lado, la educación en estos tiempos difíciles  ha puesto de relieve el rol de las comunidades educativas y sociales como un recurso de resiliencia  para afrontar el momento duro que estamos  viviendo. Salir de la marea de desastre será posible  desde  el crecimiento de los vínculos entre los actores educativos y comunitarios; y desde la construcción de  espacios de desarrollo y esperanza en los territorios gestionados colectivamente y que hoy se expresan por ejemplo en iniciativas de solidaridad y organización local frente a la pandemia (Comités anti COVID y similares).

A mediano plazo se pone de relieve el rol de las comunidades educativas y sociales en el rediseño de las formas de vida y en los modos de concebir  e implementar la educación en la post pandemia. En perspectiva, las políticas educativas no sólo se tendrán que diversificar más, sino que su lógica se invertirá. La tendencia será partir de los imaginarios y consensos territoriales para transitar hacia propuestas de gobernanza territoriales y desde allí hacia otros ámbitos más amplios. Es decir, de abajo hacia arriba.

Esta  es una de las propuestas de Foro Educativo: Una educación pública descentralizada, participativa, desde los territorios y las comunidades, que comparte recursos, construye espacios territoriales de bienestar y recoge la diversidad cultural de nuestros pueblos.


[1] Director de la edición española de ‘Le Monde Diplomatique’. Retoma el concepto de Norbert Elias de “hecho social total”.

[2] El exceso de mortalidad en distritos de menores ingresos  es más alto que en los distritos de mayores ingresos  y afecta en mayor medida a población joven (no sólo a población mayor)Ver GABRIEL CARRASCO  y HUGO ÑOPO COVID-19: Las calles y los muertos desiguales en Perú, 19 de Agosto de 2020, https://sophimania.pe/ciencia/medicina-salud-y-alimentos/covid-19-las-calles-y-los-muertos-desiguales-en-pera/?fbclid=IwAR0Rn0YbLzBEj4286Iqev6cXMsSQpw96xZkIQsB_uVuAkoSdZujIJJLJnXk

[3] Pilar Arroyo, DESCO  18 agosto 2020

[4] Julio Gamero, DESCO, Julio 2020

[5] PNUD, 16 julio 2020, https://coronavirus.onu.org.mx/142-millones-de-personas-estan-en-riesgo-de-contraer-el-covid-19-en-america-latina

[6] GRADE, 2020, Proyecto CREER

[7] Ver CEPAL, Enfrentar los efectos cada vez mayores del COVID-19 para una reactivación con igualdad: nuevas proyecciones, Informe Especial No. 5  COVID 19, julio 2020, https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/45782/1/S2000471_es.pdf,  COVID 19, abril 2020; y  CEPAL La educación en tiempos de la pandemia de COVID-19, https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/45904/1/S2000510_es.pdf

[8] MINSA 2019

[9] Néstor López y Juan Carlos Tedesco, Las condiciones de educabilidad de los niños y adolescentes en América Latina, IIPE-UNESCO 2002, BUENOS Aires, https://www.academia.edu/6180702/Las_condiciones_de_educabilidad_de_los_ni%C3%B1os_y_adolescentes_en_Am%C3%A9rica_Latina

[10] Gabiela Wienner, Marea verde y coronavirus, 20 agosto 2020  https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/marea-verde-coronavirus_129_6173848.html?fbclid=IwAR2UGMsxn2bCPys58BBFhylOLg5LoKgquEIul8G0t0kGlyDOSyR9fDSVLpo

[11] Hanna Arendt, La  condición humana, Paidos, Barcelona,  2015

[12] Carol Bellamy, Directora Ejecutiva de UNICEF entre 1995 y 2005

[13] Arturo Corcuera, Declaración de amor o los derechos de los niños. Arturo Corcuera, 2011, http://volteretasenelaire-cristina.blogspot.com/2011/06/declaracion-de-amor-o-los-derechos-de.html#:~:text=Arturo%20Corcuera,-%22Queda%20decretado%20que&text=Todo%20ni%C3%B1o%20nace%20con%20sus,cada%20flor%20con%20sus%20p%C3%A9talos.&text=Todos%20tienen%20los%20mismos%20derechos.

[14] ALEJANDRO HORVAT, Alumno rico, alumno pobre. La pandemia está generando una catástrofe educativa, 4 de agosto de 2020 , https://www.lanacion.com.ar/sociedad/alumno-rico-alumno-pobre-la-brecha-digital-nid2409448

[15] Informe técnico Estadísticas de las Tecnologías de Información y Comunicación del segundo trimestre de 2019, elaborado con los resultados de la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO).

[16] Como vemos, las cifras  disponibles matizan el optimismo del anuncio gubernamental de que el 95%  de los estudiantes se estarían conectando al Programa, Aprendo en Casa.

[17] Ibidem

[18] MIDIS, ¿Dónde invertir para incluir?,  dic 2019, file:///D:/doc%20edu/434978086-Boletin-de-Brechas-Servicios-Basicos.pdf

[19] INEI, ob.it

[20] MIDIS, ob.cit

[21] En Argentina el 92% de las escuelas lo utiliza, https://www.perfil.com/noticias/coronavirus/el-whatsapp-es-la-herramienta-mas-usada-en-la-educacion-en-la-pandemia.phtml

[22] Por ello Foro Educativo ha planteado un Bono Maestro que compense las horas extra y  cubra sus gastos en materiales e internet.

[23] UNESCO, mayo 2020 https://www.milenio.com/politica/riesgo-de-violencia-y-desercion-escolar-unesco

[24] Mahia Saracostti,  Directora de Cátedra Unesco sobre Niñez, Educación y Sociedad, Chile, junio 2020, https://www.elmostrador.cl/braga/2020/06/08/abandono-escolar-por-la-pandemia-hay-que-lograr-que-esa-chica-o-chico-sienta-que-seguir-estudiando-es-significativo-que-les-ayuda-a-solucionar-problemas-en-su-vida-cotidiana-y-futura-ese-e/

[25] Julio2020 https://www.eluniversal.com.mx/opinion/eduardo-backhoff-escudero/coalicion-mundial-para-la-educacion-de-la-unesco

[26] Matilde Burgos, psicoterapeuta chilena.

[27] FORO EDUCATIVO, ¿Qué educación para qué humanidad? Los sentidos de la educación,  Lima, nov. 2019, http://sentidos.foroeducativo.org/?p=729

[28] Entrevista a Jorge Bruce, Ideeleradio, 24 agosto 2020, https://ideeleradio.pe/lo-ultimo/jorge-bruce-como-comunidad-estamos-en-una-situacion-embrionaria-no-salimos-de-la-fragmentacion/?fbclid=IwAR1kkkfD7trZlaAAzL9lyzoZqUfmiHNA9BrVca1D4Mv2H2PkBYDxVuZyyDQ

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