Por Arturo Portilla Valdivia

La crisis mundial desatada por el coronavirus Covid 19 está afectado ya a 160 países. En nuestro Perú  empezó el 6 de marzo con un caso importado y  al 19 de marzo tenemos 254  infectados,  es decir un crecimiento exponencial en tan solo 14 días; de allí la necesidad de  tomar drásticas medidas, como lo está haciendo el gobierno para  tratar de  disminuir  dicha expansión; de lo contario nuestro  magro sistema de salud colapsaría y con ello vendría una catástrofe, una  hecatombe  que  afectaría  a todos, donde   las mayores víctimas serían,  como siempre,  la población más pobre. Así que es indispensable que todos sin excepción nos esforcemos por cumplir con las medidas decretadas por el presidente Vizcarra, entre ellas el aislamiento social.

Este virus además de causarnos el miedo, el temor y desconfianza, que podríamos vencerlos con un buen control emocional, tambien está desnudando no solo nuestras carencias sanitarias, sino también   las injustas e insultantes desigualdades. Veamos algunos ejemplos:

En el caso   del adecuado lavado de manos,   la medida más simple  y efectiva para prevenir el covid 19, resulta que no todos  pueden hacerlo óptimamente, pues  a veinte  años de haberse iniciado el siglo XXI,   siete a ocho  millones de compatriotas no tiene acceso a  la red  pública de agua potable (Oxfam)[1],  ello se refleja también en las dificultades de los estudiantes de familias  desposeídas,  pues a nivel nacional, seis de cada diez  locales  escolares estatales  no  están conectados a red de agua potable, en el caso de Arequipa esta situación se presenta en  cuatro de cada 10 colegios  públicos.

En el  tema del aislamiento social, que sin duda es una medida dura pero  totalmente necesaria, de lo contrario la situación en el futuro sería funesta,  tal decisión afecta a toda la población,  sin embargo,  los mas perjudicados  son las personas más pobres, aquellos que trabajan informalmente, aquellos que viven  al día, que  si no trabajan no tienen  con que  dar de comer a sus hijos; es cierto que el gobierno  otorgará un bono de  380 soles por estos 15 días , pero  lamentablemente no llegará a todos los que necesitan dicha ayuda. .

Otro tema  que merece reflexionarlo,  es el absurdo centralismo que tenemos en nuestro país, pues pareciera que  el Perú es Lima solamente , basta escuchar a las autoridades  nacionales y periodistas limeños que  generalmente realizan comentarios, análisis y dan alternativas  de solución fundamentalmente para Lima, como cuando la ministra de salud (que tiene jurisdicción a nivel nacional), declarando en los primeros días de la crisis,  decía que todo estaba bajo control y que estábamos preparados, que ya se tenía un ambiente en un hospital para atender  a los  infectados  que así lo requieran y  que  los resultados  de las muestras de laboratorio se daría en seis horas, olvidando   que la mayoría de peruanos vivimos fuera de Lima; recordemos que  las primeras muestras sospechosas de pacientes de Arequipa, tuvieron que ser llevadas hasta Lima vía terrestre, ante la negativa de las líneas áreas de transportarlas. Resultado:  en el camino se malograron las muestras.

Otra  manifestación del centralismo limeño, es la decisión  tomada de  que la Villa Panamericana  se  habilite para atender a todos los infectados y el hospital de Ate para los mas graves. Bien por nuestros hermanos limeños; pero la  pregunta  cae de madura ¿ y  los demás peruanos  que constituimos el 70 % de la población peruana,  qué hacemos? . La mentalidad centralista respondería: vengan a Lima para fortalecer el centralismo. No hay duda, el mundo está de cabeza. Felizmente últimamente se escucharon noticias que implementarían algunos laboratorios fuera de Lima.  

Además, el virus actual, está sacando a luz lo mejor y lo peor de los seres   humanos, por un lado se evidencian muestras de solidaridad y empatía y por otro manifestaciones de egoísmo y ambición exacerbada,  alimentada por un modelo económico que privilegia   el capital sobre el ser humano y que  gracias   al “libre mercado” a la “ley de la oferta y la demanda”, hace que  algunos malos “empresarios”, suban desorbitadamente los precios  de  ciertos servicios y productos, sin que el Estado pueda intervenir. Paradójicamente   los precios internacionales del petróleo han disminuido a mínimos históricos, mientras   los grifos mantienen los precios elevados de la gasolina.

El Covid 19 a la vez que nos ha traído molestias y desgracias, está desnudando desigualdades y evidenciando las precarias condiciones de vida, salud, educación y trabajo que afectan a millones de familias pobres; en tal sentido aprovechemos la crisis generada por este coronavirus, para convertirla en oportunidad de cambiar, de transformar y construir una sociedad mas humana, mas justa. Una de las alternativas tiene que ser pensando con el modelo de desarrollo humano sustentable y la urgente descentralización del país, potenciado las capacidades regionales equitativamente.

Finalmente y no por ello menos importante  me referiré al tema de la educación de nuestros niños y jóvenes, donde tambien se reflejan  profundas  y deshonestas  desigualdades que se agudizarán  como consecuencia de esta pandemia; los colegios públicos ni siquiera pudieron empezar el año escolar, mientras  que la IIEE privadas  ya lo hicieron a inicios de marzo y actualmente  algunos de estos estudiantes   acceden a tareas vía internet, bien por ellos; mientras  tanto, el resto  de estudiantes  no ha logrado aún abrir sus libros.

Tal como van los acontecimientos, es improbable que el año escolar en las IIEE públicas se inicie a fin de mes y si el panorama se oscurece, es probable que se prorrogue la suspensión de clases, lo cual afectaría notablemente el desarrollo del   año académico especialmente en el sector público y mucho más a las zonas rurales.

Es posible que las autoridades  educativas de las distintas instancias de gestión educativa  y directores de escuelas y colegios de gestión privada opten por implementar aulas virtuales que sería una medida atinada aprovechando las nuevas tecnología de la información y la comunicación; lamentablemente en este tema también se dan oprobiosas desigualdades, pues no todas las familias tienen acceso a internet en sus domicilios y no todos tienen celulares de última generación; con lo cual las oportunidades serán diferentes agravando las brechas hoy existentes.     

La pandemia actual,  obliga a reflexionar  sobre nuestra  diversa y desigual  realidad educativa por lo que  en el corto plazo, debemos empezar  a  planificar medidas urgentes que se aplicarían  en un escenario hipotético,  si  la situación  empeora a tal punto que  ponga en riesgo  la calidad  del desarrollo del presente año académico.

En  el largo plazo,   merece repensar   el sistema  educativo en su conjunto con políticas  sistémicas e integrales  que superen las  abismales  diferencias  de oportunidades que  se brinda a los estudiantes; implica diseñar políticas educativas considerando variables relevantes para  los aprendizajes y la formación integral de las personas que vayan mas allá de la profesionalidad docente, como son, según   UNESCO (2016)[2] : las  desigualdades socioeconómicas, ruralidad, asistencia a la escuela, trabajo infantil, desigualdades de género y pueblos originarios, a  las que agregaríamos,  desnutrición, violencia generalizada  y desigualdades étnicas (racismo); además consensuar  mejor  la perspectiva teleológica de la educación, para lo cual convendría consensuar  y resaltar que el fin  primordial de la educación  debería ser coadyuvar a humanizar la humanidad.

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[1]      https://peru.oxfam.org/qu%C3%A9-hacemos-ayuda-humanitaria/entre-7-y-8-millones-de-peruanos-no-tienen-acceso-agua-potable

[2]      UNESCO (2016) Recomendaciones de políticas educativas en América Latina en base al TERCE, OREALC/ UNESCO Santiago.


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