Por: Teresa Tovar Samanez

En el Perú ya tenemos evidencia del vínculo entre fundamentalismo religioso y poder político. La designación de Tamar Arimborgo, congresista evangélica ultraconservadora como presidenta de la Comisión de Educación es sólo una de las puntas del iceberg.

The Family es un documental de Netflix que muestra la influencia decisiva que habría alcanzado la élite conservadora religiosa en el poder político durante 80 años. Según esta serie la red religiosa llamada La Familia, respaldó el encumbramiento de líderes políticos en muchos países, algunos de ellos dictadores o autoritarios. Al margen de los detalles, el documental es una muestra de cómo funcionan las sectas evangélicas y cómo operan en el poder a nivel global.

En “The Family” se muestra la influencia de los grupos conservadores evangélicos en Estados Unidos, panorama que estaría siendo similar en Perú / Foto: Netflix

En el Perú debemos enfrentar una ola conservadora parecida. Históricamente el término “conservador” surgió para denominar a los grupos que se opusieron a los ideales de la Revolución Francesa (libertad, igualdad, fraternidad) y que preconizaban la vuelta a “L´ancienregime” monárquico, dictatorial y enemigo de la secularización de la política y la sociedad.

Al igual que en The Family, los representantes peruanos de esta ola religiosa conservadora se consideran líderes elegidos por Dios y depositarios de la “moral” que debe imponerse en el país. La ideología conservadora va acompañada de una estrategia de poder.

La fachada es la fe, pero el trasfondo es la construcción de una red política y social que posicione a sus líderes en el Congreso, en partidos políticos autoritarios y en la institucionalidad política y judicial. Impulsan colectivos sociales y de familia (#ConMisHijosNoTeMetas) y cuentan además con cuantiosos fondos económicos.

Foto: Perú 21

El conservadurismo religioso ha perdido posiciones en la jerarquía de la iglesia católica, pero sus líderes evangélicos se ubican en diversas agrupaciones, ofrecen los votos de sus cofradías e incluso invitan a los gobernantes de turno y al establishment a su “Misa de Acción de Gracias” buscando construir pactos de lealtad.

La mira es instaurar un orden social conservador que deje de lado las leyes cívicas y se rija por las leyes divinas. Por ello un rasgo notorio es su rechazo del Estado laico y su oposición a la vigencia de las libertades personales y los derechos humanos como la igualdad de género, la educación sexual y la diversidad de orientación sexual.

La Iglesia conservadora no es una iglesia para los pobres, sino aliada de los grupos económicos y de poder. En Brasil ya lograron imponer un presidente que está arrasando con la amazonía con la misma desfachatez con que promueve la aniquilación de la población indígena, el maltrato de las mujeres y los crímenes de odio.


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